Redactar «urn:enhancement-fbd4f666-97c6-4ba3-8931-f806e59724e5″ class=»textannotation disambiguated wl-thing» itemid=»https://data.wordlift.io/wl76787/entity/questions»>las preguntas de una encuesta puede parecer una tarea fácil, pero realmente es una fase importante de tu investigación y puedes incurrir con frecuencia en errores de encuesta.La forma en que redactes las preguntas puede determinar el éxito o el fracaso de tu recogida de datos.

Por eso queremos enumerar los 5 errores más comunes en las encuestas: ¡toma nota y aléjate de ellos!

 

Errores comunes en las encuestas

 

1. Sesgo de respuesta

Como las palabras ambiguas no tienen una interpretación unívoca, confunden al encuestado y corrompen los datos de la encuesta. Pongamos un ejemplo:

«¿Dónde te gusta ir de compras?

En este caso, la palabra defectuosa es «como»: es demasiado genérica. ¿Con «como» te refieres a tiendas donde el personal es más amable? ¿Dónde los precios son más convenientes? ¿O dónde hay mejor ambiente?

Por qué tienes que evitar errores y prejuicios:

  • Cada encuestado interpretará la pregunta de forma diferente, por lo que no se pueden comparar las respuestas
  • El encuestado no responderá racionalmente, sino que elegirá una respuesta que le parezca más coherente con su situación

 

2. Dobles negaciones, pasivas, preguntas demasiado complejas

Hazlo sencillo, eso es lo que dicen los gurús de la comunicación. Cualquier estructura compleja puede influir negativamente en la investigación de tu encuesta.

Ejemplo: «¿En qué tienda prefieres no comprar?»

Esta misma pregunta puede formularse como:

«¿En qué tienda compras?»

En esta segunda consulta

  • Evita la negación;
  • Se ha eliminado «preferir»;
  • Acorta la frase de 8 a 6 palabras

Nuestros consejos: revisa todas las preguntasevitando negaciones, verbos pasivos, redacciones largas y verbos complejos. El encuestado se centrará más en la pregunta y aumentarás tu tasa de respuesta.

 

3. Preguntas dobles

Cuando escribes una pregunta, es habitual que pidas varias cosas.

Ejemplo: «En las próximas elecciones, ¿votarás al candidato que aumente los gastos públicos en bienestar e instrucción?»

En este caso, si votas a un candidato que apoya la instrucción (y no el bienestar), no podrás responder y te verás obligado a dar una respuesta que no es cierta.

Por tanto, las preguntas dobles aumentan la posibilidad de obtener respuestas ambiguas: si es posible, evítalas.

 

4. Preguntas absolutas

Con la palabra absoluto, indicamos todas aquellas preguntas que incluyen un «nunca», «siempre», «cada»… Este tipo de pregunta suele dar lugar a respuestas estadísticamente inútiles.

Ejemplo: «¿Desayunas siempre? (Sí/No).

En el ejemplo, obligamos al encuestado a dar una respuesta genérica (todos los que se saltan el desayuno de vez en cuando se verán obligados a contestar «no») y damos a la pregunta demasiadas interpretaciones posibles (¿se considera desayuno el brunch? ¿Y si sólo tomo café?).

 

5. ¿Preguntas abiertas? Sí, pero…

Las preguntas abiertas recogen datos más detallados y, por eso, debemos utilizarlas. Pero ¡utilízalas con cuidado!

Pongámonos en el lugar del encuestado: ¿cómo te sentirías al comprobar que la mayoría de las preguntas incluyen espacios vacíos para rellenar?

Dos posibles reacciones:

  1. se une a la encuesta pero a medida que avanza en ella dará respuestas cada vez más resumidas
  2. abandonará la encuesta

En resumen, te sugerimos que distribuyas cuidadosamente tus preguntas abiertas sólo cuando necesites una respuesta detallada.

 

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